miércoles, marzo 05, 2008

NTC ... 282. Marzo 5, 2008

Marcharemos mañana, 6 de Marzo,
marchamos el 4 de Febrero
y
SIEMPRE ...
...
NTC … 282
Nos Topamos Con ...
Cali, Marzo 5, 2008
Año 8 (Tercero como Blog)
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(los demás, por fechas, a la derecha)
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MARCHA EN CALI
JUEVES 6 DE MARZO 2008
Lugar de concentración:
Parque de las banderas (calle 5, Carrera 32-34)
HORA: 9 AM

CONTENIDO:
LA MARCHA
, por Juan Manuel Roca /// Poesía es también una paz justa y digna para Colombia, Festival Internacional de Poesía de Medellín invita la Gran Marcha del 6 de Marzo /// Un chancro histórico, Por: Julio César Londoño /// El país del llanto, Por Héctor Abad Faciolince /// Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta porque me encuentro unido a toda la humanidad; Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti. Por John Donne (1572-1631) /// LA SOCIEDAD QUE DESPIERTA Por William Ospina /// Un examen de conciencia, por Antanas Mockus /// Hacia una Colombia sin guerra, por Gustavo Petro . //// El color de la sangre, Salud Hernández-Mora

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LA MARCHA
de Juan Manuel Roca , juan_manuelroca@hotmail.com
para NTC … ntcgra@gmail.com
fecha 04-mar-2008, 19:18

Que los colombianos marchemos contra los victimarios cobijados por un creciente olvido y ninguna reparación por los crímenes perpetrados a nombre del Estado; que lo hagamos contra los que han desplazado a casi cuatro millones tras emprender una contra-reforma agraria antes de que exista una reforma; que salgamos a las calles a protestar por el apoyo a los victimarios que involucra a los para-políticos; que no olvidemos las ejecuciones extra-judiciales; las fosas comunes ni los secuestrados por cualquier bando en el conflicto; que condenemos genocidios y ataques a la población civil vengan de la guerrilla o de los paramilitares; que no olvidemos ni Bojayá ni Mapiripán a un mismo tiempo; que recordemos el genocidio de todo un partido en la oposición a la vez que el secuestro y posterior asesinato de los diputados; que Chengue y Mejoresquina y tantas atrocidades de una guerra sin heroísmos ni dignidad no sean hechos escamoteados por la mala memoria, son pasos y expresiones para que nuestro saldo con la vida no siempre esté en rojo. Amar la guerra no es otra cosa que despreciarse a sí mismo.

Los victimarios, definidos en términos presentes son, escuetamente, los homicidas. Pero la palabra victimario también señaló en la antigüedad a los que prendían fuego, ataban a las víctimas y las sujetaban para el sacrificio. A los que hacían el trabajo sucio de verdugos, amparados y protegidos por los más altos poderes.

Que los colombianos marchemos este 6 de marzo contra el olvido, por la verdad, en homenaje a las víctimas y en petición de un acuerdo humanitario, es un necesario acto de moral colectiva. Juan Manuel Roca.
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Poesía es también una paz justa y digna para Colombia
Festival Internacional de Poesía de Medellín invita la Gran Marcha del 6 de Marzo
Colombia vive una cruenta y trágica contradicción, desde hace casi dos siglos. Una dura guerra nos enfrenta, sin final a la vista. Dos conceptos enemigos sobre la naturaleza de la paz y la interpretación de la existencia, nos dividen y desangran. El país es víctima de su exigua mirada sobre el mundo. Esta prolongación del olvido de nuestra amarga leyenda latinoamericana, prueba que sin la poesía, como memoria del sueño esplendoroso de un nuevo tiempo revolucionario del espíritu, no habrá en Colombia una paz digna y justa, ni una vida renacida de los escombros como la nueva historia sobre nuestro suelo rescatado.
La utopía de la paz colombiana no llegará por el acatamiento servil a la autoritaria exigencia de unanimidad y consenso, para aceptar en cabal resignación que la vida era la larga espera de una fosa común donde yace una legión de niebla, las incontables víctimas de las armas de sucesivas guerras civiles, ya sin compensación ni reposo.
Somos víctimas de la indigente mirada de los verdugos sobre el mundo. ¿Y quiénes son los verdugos, que revelan con voz estridente ser propietarios de todo lo existente?
En los orígenes del espíritu de la poesía y de las artes está el sueño y demanda de una humanidad joven, sin guerra ni miseria, sin capitulación ni dolor. Y nos preguntamos ¿cómo habrán sobrevivido las especies animales y las reservas forestales, el agua y el viento, cruelmente avasallados por los imperios del pasado y del presente, por un mandato de expoliación de todos los vivientes?
No será éste el mundo que aceptamos, quienes hemos hecho de la poesía un camino, una resistencia, una elección distinta a la guerra y a la muerte violenta, a la humillación de las formas de la vida, al sometimiento de las sociedades a la pulsión de matar y de morir que imponen quienes buscan exterminar el pensamiento emancipado y emancipador.
La suprema aspiración de la poesía y de los poemas es la fundación de un diálogo invencible y creador, para desmontar la maquinaria de sombras de la muerte y de la guerra inútil entre los colombianos, que materialice una visionaria sociedad incluyente, para abrir las compuertas al ancho río de la libertad y la fraterna justicia.
El Festival Internacional de Poesía de Medellín invita a todos los poetas y artistas colombianos, a los académicos e intelectuales de signo progresista, a los estudiantes que colman los escenarios del Festival, a los trabajadores, hombres y mujeres que constituyen la energía creadora del país, a tomar parte en la Gran Marcha del 6 de Marzo, al lado de las víctimas de los crímenes del terrorismo de estado, por los desaparecidos, por los masacrados y ejecutados, por los desplazados, por los amenazados y por los desposeídos de la riqueza material y cultural, y a no detenerse ya más hasta hacer de Colombia el país que demandamos, que queremos, que soñamos y que nos hará libres bajo el sol de una nueva patria, sin guerra, sin dolor ni expoliación.
Fernando Rendón. fearn@une.net.co Director, Festival Internacional de Poesía de MedellínFebrero 26 de 2008
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Un chancro histórico
Por: Julio César Londoño
EL PAIS, Marzo 01 de 2008
http://www.elpais.com.co/historico/mar012008/OPN/opi02.html

Estúpido, por decir lo menos, el rechazo del Gobierno a la marcha del 6 de marzo. Idéntico al rechazo de la izquierda a la marcha contra las Farc. La explicación se parece mucho al ‘argumento’ de los nazis contra la teoría de la relatividad: “Es obra de un judío”. Un gobierno cuestionado por su cercanía con el paramilitarismo tenía que aprovechar esta coyuntura para marcar con claridad su deslinde de esas bestias. Uribe y José Obdulio deberían estar a la cabeza de la marcha del 6. Deberían, como cualquier ladrón inteligente, huir gritando ¡cójanlo! ¡cójanlo!

Salir a marchar el 6 es vital porque la parapolítica y su brazo armado, el paramilitarismo, son de lejos el principal problema del país, el parásito más enquistado, el chancro más purulento. Comparado con el caso ‘para’, las Farc son unos ‘boy scouts’, y Chávez y Piedad personajes apenas folclóricos. Hagamos un balance a vuelo de pájaro. Las Farc son un grupo decadente arrinconado en lo más profundo de las selvas del Vichada; los ‘paras’, un monstruo intacto que hiberna con la tranquilidad del que se sabe velado por una bancada de 40 parlamentarios. Las Farc sueñan controlar dos municipios del Valle; los ‘paras’ controlan varios departamentos. Las Farc tienen 744 secuestrados; un solo jefe ‘para’ acaba de confesar mil asesinatos. Las Farc mantienen a sus víctimas en condiciones abyectas. Los ‘paras’ les cortan los dedos y los obligan a comérselos. Las Farc han desplazado de sus tierras a unos 50.000 campesinos en los últimos 20 años; los ‘paras’ han desplazado en el mismo periodo 600.000 personas (Dane) o dos millones (Rupd) o cuatro millones (Codhes). Las Farc ejercen soberanía sobre unas parcelas que sólo existen en la mente de Hugo Chávez; los ‘paras’ se han embolsillado cinco millones de hectáreas de nuestras mejores tierras. A veces las Farc logran infiltrar organismos del Estado; los ‘paras’ son tan oficial (casi digo “miembro histórico del establecimiento”) que el Fiscal General definió la parapolítica como una infiltración de la clase política al paramilitarismo.

Sin ánimo de minimizar su capacidad de perturbación, creo que las Farc son ahora un fenómeno más mediático que militar. Y su poder mediático se lo dan los oportunistas líderes de Colombia, Francia y Venezuela, y los mercachifles de los medios colombianos. No podemos permitir que Chávez y Marulanda nos sigan imponiendo su agenda. El intercambio humanitario es un tema sensible, pero es apenas uno de las decenas de problemas que afectan al país. Es hora de que nuestros líderes y los focos de los medios suelten sus presas (Chávez, los secuestrados, la reelección presidencial) y se ocupen de temas con menos rating pero más sustancia: la parapolítica, los desplazados, el desempleo, la calidad de la educación, la atención en salud, la inseguridad urbana, las solapadas alzas de los servicios públicos; en una palabra, el creciente deterioro de la calidad de vida de la gente.
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PD: El miércoles 5 de marzo a las 3:30 p.m. vuelve a sesionar el Grupo de la Rita bajo las ceibas de Manuelita La Vieja. Esta vez inauguramos la Cátedra Palmira escuchando a Guillermo Barney, alto chamán de Llanogrande que disertará sobre ‘La ciudad, diagnóstico y futuro’.
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El país del llanto
No nos conmueve lo mismo el crimen de una persona conocida que el cometido contra campesinos anónimos.
Por Héctor Abad Faciolince
Revista Semana : Fecha: 03/01/2008 -1348 http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=109784

No es normal un país donde uno se levanta y se acuesta cada día con los ojos encharcados. Las imágenes, las entrevistas, las tragedias cotidianas, hacen que uno viva aquí con un nudo en la garganta. Que Íngrid Betancourt, una política íntegra, se esté muriendo en la selva, es un símbolo de la maldad de las Farc y de la tragedia del secuestro. Que Silvia Duzán, una periodista íntegra, haya sido acribillada por los paramilitares, es también un símbolo de la maldad de las AUC y del salvajismo de sus masacres. Contra la barbarie del secuestro marchamos hace menos de un mes. Hay que marchar también contra los paramilitares.

Los crímenes de los paramilitares, a veces con la complicidad de funcionarios del Estado y no pocas veces con la ayuda de miembros de la Fuerza Pública, merecen el mismo repudio. Por eso, aunque no salgamos ni la décima parte de las personas que salieron hace un mes, los que salgamos también a esta segunda marcha lo haremos con la frente muy alta. En uno y otro caso salimos a repudiar crímenes inaceptables. Antes, contra las Farc; esta semana, contra los paramilitares. Los que repudian a las Farc y no a los paramilitares, son indignos; como son indignos quienes repudian a los paramilitares y no a las Farc. Hay que repudiar estas dos formas simétricas de salvajismo.

Pero no es fácil sacar adelante este mensaje, por varios motivos. Uno, por ejemplo, es la propaganda negra de algunos personajes nefastos. Dos ex comunistas arrepentidos y un falangista vergonzante conforman la triple alianza contra la marcha del 6 de marzo: José Obdulio Gaviria, Plinio Mendoza y Fernando Londoño. El primero de ellos dice que han conformado un sindicato de periodismo uribista. Desde las mismas páginas los tres repiten ecos de un mismo artículo que parece dictado por la misma garganta. El argumento que machacan es grotesco y mentiroso: que la marcha del 6 de marzo es a favor de las Farc. Como no se atreven a mencionar el verdadero objetivo de la marcha (contra los crímenes de los paramilitares), dicen que es a favor de las Farc, un grupo armado que todos repudiamos. Lo que temen es que los colombianos condenemos también al paramilitarismo, porque ellos saben que aliados de las AUC han sido (y es cosa juzgada) parapolíticos, paraoficiales del Ejército y parafuncionarios de este y de anteriores gobiernos.

El argumento de Londoño para negar que en este país la Fuerza Pública haya cometido crímenes atroces es de una lógica burda. Ha sostenido él en varios artículos que en la masacre de Jamundí 10 policías sin uniforme dispararon contra un grupo de soldados. Que ante la agresión los soldados respondieron al fuego y mataron a los policías. Vamos a suponer que esto sea cierto. En tal caso tendríamos a un grupo de policías (que son miembros de la Fuerza Pública) que cometen un crimen y le hacen un mandado a la mafia. Con lo cual, implícitamente, está aceptando que sí hay crímenes perpetrados por miembros de la Fuerza Pública: policías que con fines mafiosos intentan matar soldados. Tanto lo que ha sentenciado la justicia, como lo que afirma Londoño, serían crímenes cometidos por fuerzas oficiales del Estado, y ninguno de los dos es menos grave que el otro, no importa si las víctimas son los policías (como cree la justicia) o los soldados (como dice Londoño).

Pero lo que hace mucho más difícil que esta marcha contra los paramilitares consiga el mismo número de participantes que la marcha contra las Farc, es que las víctimas del paramilitarismo, en su mayoría, son personas humildes cuyas muertes no han logrado atravesar el callo de nuestra indiferencia. Así es la condición humana. No nos conmueve lo mismo, ni nos interesa igual, el crimen o la muerte violenta de una persona conocida (y muchos secuestrados son famosos) que el crimen cometido contra campesinos anónimos. El secuestro de Íngrid ha conmovido a Europa y a Colombia, y está bien. El asesinato de Yolanda Izquierdo, solamente a su familia, lo que es muy triste. Esto es explicable por la mezquindad humana, pero no es moral. Por eso hay que marchar también contra los crímenes de los paramilitares pues aunque los de ellos hayan tenido menos prensa, son tan asquerosos como los de la guerrilla.

Sé de una amiga que cuando marche este jueves llevará en su memoria y en su pecho el recuerdo de Silvia Duzán, masacrada por los paramilitares. Uno de los organizadores de la marcha, Iván Cepeda, irá a recordar a su padre, como ya lo hizo una vez, valientemente, en el Congreso, frente a los asesinos. Yo también marcharé por otra víctima de los paramilitares a quien siempre recuerdo, en combate desigual contra el olvido. Pero nuestro país parece tuerto. Solamente ve y llora por el ojo derecho (y a veces tan sólo por el izquierdo, en el caso de otros sectarios). Los que participemos en las dos marchas, aunque seamos una minoría, estaremos diciendo que nosotros sabemos llorar por los dos ojos a todas las víctimas de nuestra violencia.
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Ningún hombre es una isla...
De: patricia Caycedo de Villaveces ( patavillaveces@gmail.com )
Enviado: martes, 04 de marzo de 2008, 11:15:45 p.m.

Por qué me duelen todas las víctimas de todas las violencias?

Meditación XVII ( En "Devotions Upon Emergent Occasions")
John Donne (1572-1631)

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,
Como si se tratara de un promontorio, o de la casa solariega de uno de tus amigos o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta porque me encuentro unido a toda la humanidad;
Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

John Donne (1572-1631)
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LA SOCIEDAD QUE DESPIERTA
En los últimos veinte años Colombia ha vivido un verdadero holocausto del que apenas comenzamos a enterarnos.
Por William Ospina
Revista Cromos, Marzo 3, 2008
http://www.cromos.com.co/cromos/Secciones/Articulo.aspx?idn=3936

Los medios de comunicación han divulgado la proliferación de fosas comunes donde los paramilitares sepultaron a sus víctimas por todo el territorio, desde Sucre hasta Nariño, desde el Valle del Cauca hasta Santander, desde la Sierra Nevada de Santa Marta hasta el Magdalena medio. Otra vez, como en los años cincuenta, bandas de hombres armados entraron a medianoche en las aldeas, llenaron de zozobra las regiones, ejecutaron de un modo feroz y escalofriante a gentes desarmadas, en unos casos acusándolas con razón o no de ser guerrilleros, en otros casos utilizando el pretexto de la lucha contra la guerrilla para crear terror en las poblaciones, apoderarse de las tierras y desplazar a los habitantes.
No sólo los crímenes sino la sevicia de sus circunstancias, y la revelación de que esas bandas de paramilitares obraron a veces con la complicidad de miembros de las Fuerzas Armadas, obraron a veces con el patrocinio de dueños de la tierra y de sectores empresariales, obraron a la vista de todo el mundo y hasta cobraban por su trabajo a los comerciantes de los pueblos, asegurando que estaban llevando defensa y protección a la comunidad, son cosas que repugnan a todo espíritu democrático. Hace mucho tiempo sabemos que cada vez que la sociedad se ve amenazada por el crimen su único deber es corregir y fortalecer las instituciones legítimas, y que entregar la defensa de la sociedad a bandas de criminales es el modo más seguro de hundir a un país en el caos y en la degradación moral.
Si en Francia, en España, en México o en Argentina, se diera un fenómeno tan masivo de crueldad, de miles de víctimas atrozmente asesinadas a las que nadie les demostró jamás su culpabilidad, es seguro que esas sociedades, como un mecanismo de decencia social, como un mecanismo de purificación mental y moral, saldrían masivamente a las calles a rechazar esos hechos atroces, a exigir justicia y reparación, y procurarían que todo lo ocurrido saliera a la luz. Así reaccionó la Argentina ante los crímenes cometidos por las dictaduras, aunque por supuesto se necesitó el liderazgo de las madres de la Plaza de Mayo, cuyo amor por las víctimas pudo más que el miedo a los victimarios. Ellas le enseñaron a todo un continente que el silencio es un acto de complicidad, que a menudo hasta los criminales necesitan que la sociedad les diga lo que hicieron, porque la inercia infernal de la sangre suele anestesiar las conciencias y acaba por hacer que ni los victimarios comprendan la enormidad monstruosa de sus propios actos.

Alguien tiene que ser capaz de reaccionar. No para reclamar venganza, ni siquiera para exigir justicia, sino para demostrarse a sí mismo que no ha perdido su dignidad humana, su capacidad de diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. Una sociedad que no sea capaz de levantarse con toda claridad contra esas oleadas de la barbarie, contra esas reviviscencias del horror, corre el peligro de que esos hechos terribles se repitan sin fin, y que el miedo termine siendo más poderoso que la confianza como ingrediente de la vida cotidiana. Todos tristemente sabemos que en Colombia ha sido así, y en estos días, cuando el Estado está procurando someter a la ley a los paramilitares y tiene asediadas a las guerrillas, es ya hora de reaccionar, de mostrar que la sociedad existe y sabe lo que pasó y rechaza los caminos de la barbarie.

El 4 de febrero fue inequívoco el rechazo de la sociedad entera a los crímenes de la guerrilla. Colombia se levantó contra los secuestros, contra los campos de concentración que las Farc mantienen en el corazón de las selvas colombianas, contra unas organizaciones criminales que hace ya décadas mantienen a la sociedad amenazada y chantajeada. Y no se levantó sólo para rechazar el secuestro sino para afirmar su propia dignidad, su libertad, su deseo de vivir con plenitud en un país pacífico y democrático.

Pero todavía Colombia no ha hecho sentir su grito de rechazo contra la otra barbarie, que nos puso a vivir en un inmenso campo de tumbas sin nombre. Y ese rechazo tiene que ser igualmente enérgico, tiene que hacerles sentir a los victimarios, ahora en proceso de sometimiento a la justicia, que esos fenómenos de justicia privada tan frecuentes en Colombia no pueden repetirse. La marcha del 6 de marzo no debe ser sólo contra los crímenes que cometieron los paramilitares, sino contra la tendencia de muchos ciudadanos a pensar que el crimen es legítimo si se comete con una determinada intención.

Una larga serie de sentencias judiciales de los últimos tiempos ha condenado al Estado a pagar gigantescas indemnizaciones por crímenes que se han cometido con intervención de algunos de sus agentes o por negligencia institucional. La ciudadanía tiene también el deber de rechazar que algunos funcionarios, e incluso miembros de las Fuerzas Armadas, traicionando sus deberes constitucionales, hayan violado la ley que era su deber defender, hayan profanado la majestad de las instituciones, y quieran convertirnos en cómplices de sus crímenes. El que esos delitos se paguen con nuestros impuestos significa que se nos está convirtiendo en responsables de todo aquello que no somos capaces de rechazar. Marchar es también la manera de hacernos conscientes de nuestra responsabilidad como ciudadanos, y de asumir un papel más activo en la vida nacional.

Por eso no está bien que algunas personas, no sé con qué intención, quieran disuadirnos del deber de marchar contra estos crímenes que, lo mismo que el secuestro y la extorsión, repugnan a la condición humana y nos convierten en rehenes de todos los odios y todas las crueldades. Algunos hasta piensan, contra todas las costumbres de la democracia, que una marcha ya es suficiente, y se atreven a decir, torciéndole el cuello a la lógica, que una segunda marcha atenúa el efecto de la primera. Nada más contundente que mostrar que una sociedad es capaz de marchar una y muchas veces para que no queden dudas de su rechazo a todas las violencias, a todos los chantajes y las amenazas. Tanto los paramilitares como las guerrillas han intentado convertir estas marchas en instrumentos de su odio. Ello es imposible: nadie podrá acusar a millones de personas que marchan en paz contra cosas que son evidentemente repudiables, y que marchando se hermanan en una vocación pacífica y democrática, de ser voceros de ningún criminal. Hay que marchar con decisión, hay que marchar con alegría, y, dado que la libertad es lo primero, sólo hay que marchar si uno, en su corazón, en la soledad central de su yo, como decía Borges, siente que ese holocausto que Colombia ha vivido en los últimos años también merece un rechazo clamoroso y multitudinario.
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Un examen de conciencia
Antanas Mockus
EL Tiempo, Febrero 29 de 2008
http://www.eltiempo.com/tiempoimpreso/edicionimpresa/opinion/2008-03-01/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3980723.html
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Hacia una Colombia sin guerra
Gustavo Petro * gustavopetro@etb.net.co
EL TIEMPO Marzo 1 de 2008
http://www.eltiempo.com/tiempoimpreso/edicionimpresa/opinion/2008-03-02/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3981882.html
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El color de la sangre
Salud Hernández-Mora
EL TIEMPO, Marzo 1 de 2008

3 comentarios:

Dumuro dijo...

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Akinogal dijo...

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Fenridal dijo...

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